Era el primer día de clases en Villa del Carbón, a las 5:00 am estaba ya despierta frente a mi armario abierto de par en par, observando mis prendas, era la primera vez que me preocupaba por lo que debía llevar puesto, los vaqueros estaban claros, pero ¿debo llevar blusa, playera o tal vez camisa? ¿Debo optar por tenis o zapatos? Y, ¿si los sorprendo llegando en zapatillas? Pero en realidad esas preguntas no eran de importancia, la única que lo era resonaba constante e incesantemente en el segundo plano de mis pensamientos, y poco a poco se fue abriendo paso hasta ser la única ¿acaso un cambio de imagen, una nueva impresión, cambiaría el modo en que me trataban los demás? Y poco a poco otra pregunta fue sustituyendo esta y se fue abriendo paso lenta y suavemente hasta salir de mis labios con una voz tenue y escalofriante ¿acaso eso importa?
Salí de casa con estas dos preguntas rondando en mi mente sustituyéndose una con la otra gradualmente, sin poder encontrarles respuesta, de igual manera eso no importaba, pues había salido vestida como habitualmente lo hacía, llevaba puestos unos vaqueros azul marino acampanados, los tenis gastados, una playera de manga corta con cuello en V color magenta y mi típica sudadera azul gastado, llevando una mochila negra al hombro con algún cuaderno y una que otra pluma, además de dinero para el almuerzo. En fin, era el último año de preparatoria ¿qué podía cambiar?
El día estaba nublado pero el aire era bochornoso y un tanto pegajoso, típico día en este lugar, en unas horas probablemente llovería, llegué a la preparatoria y no cabía en mi asombro. Todo había cambiado, aunque seguía igual, la institución educativa en la que me encontraba no era la misma que recordaba, esta desprendía un brillo dorado en cada lugar debido al amanecer y los rayos rojizos del sol, pero eso no era lo único extraño que sucedía, pues no sólo la escuela había cambiado, mis compañeros también, me veían y abrían el paso, no escuché insulto alguno hacia mí, fue en verdad extraño, pero decidí no prestar atención pues probablemente era sólo una jugarreta y no pretendía caer en ella, no volvería a caer en sus jugarretas, ni una vez más, jamás, jamás volvería a caer en sus tontos juegos de nuevo, ¡JAMÁS, JAMÁS! (siempre repito la palabra jamás 2 veces, es una extraña costumbre que me da la sensación de estar siendo más seria).
Entré al aula y lo mismo sucedió, nadie me agredió ni insultó, pero tampoco dejaban de mirarme y por más que intenté que eso no me pusiera incómoda no lo logré, cada vez que sentía miradas sobre mí, me sonrojaba y caminaba más deprisa lo que provocaba que más personas se fijaran en mí, fuera lo que fuese esta jugarreta me estaba atrapando y no podía escapar de ella.
Al llegar a casa sentí algo de paz al notar que mamá no estaba ahí, pues así podía ir al lago sin preocuparla ni avisarle que iría, así que tomé una toalla, me metí en la ropa de baño, usé mi ropa de calle por encima y salí corriendo melodiosamente hacia mi destino solitario, único lugar donde me sentía en paz, feliz y donde podía ser mi misma sin presión alguna.
Legué al claro y me detuve al notar lo hermoso del lugar ante los rayos solares opacados por las densas nubes, pero aún así angelicalmente hermosos, reflejados en la perfecta superficie de aquel lago cristalino, que se elevaba en toda su majestuosidad en medio de aquel claro, que sólo era perturbada por las ligeras hojas y espinas del pino y abeto y por la tenue brisa abrazadora que se extendía por aquel hermoso claro la cual la hacía revolverse poéticamente, haciendo de aquel paisaje la mejor de las vistas, creada por la naturaleza para la expectación y apreciación del ser humano sensible. Después de observar tan maravilloso espectro por varios minutos, comencé a elevar mis manos, hasta llevarlas donde mis ropas, y comencé a quitarlas de mi cuerpo, lentamente, sintiendo que si lo hacía más rápido rompería el encanto de aquel lugar, al terminar caminé lentamente meditando cada paso que daba, sintiendo cada huella que quedaba en el pasto, el frescor de este sucumbir ante el peso de mi pie. La brisa en mis cabellos agitándolos suave y mágicamente, podía escuchar mi respiración armonizando con el canto de los pajarillos y el latido de mi corazón ritmar con sus aleteos, y sin darme cuenta entré lentamente en el lago, acariciando la superficie con mis dedos, creando pequeñas ondas, sin romper el misticismo que hasta entonces había envuelto el lugar ni la gracia con la que me había atrapado. Al llegar al centro del lago me detuve, cerré los ojos y escuché atentamente a mi alrededor, logré oír a los árboles susurrar algo, a los pájaros responderles y al tenue viento acompañarles, eran susurros incomprensibles, entonces contuve la respiración y escuché claramente a los tres susurrando al unísono: “Kathleen”.
Continuará...

Kathleen? Un fantasma? Me gusto tu descripcion del lago, es uno de los lugares mas hemosos que me he podido imaginar! :D pobre chava, traumada con las jugarretas!
ResponderEliminar