lunes, 1 de agosto de 2011

Sin sentido V.

No lograba responder esa pregunta, la pensé y repasé por semanas, recorrí su rostro en mi mente incesantemente, cada día despertaba con su mirada en la mente, con su hermosa sonrisa, con sus rizos dorados reflejados por el sol, pero no lograba recordarlo, sabía que lo había visto antes, o ¿no?
Todos los días salía a caminar para saber que había cambiado de lugar, cada día cambiaban más cosas, cada día reconocía menos donde me encontraba, cada día me confundía y pensaba más en mi persona y en él.

Un día caminando enfrente de la ferretería, que antes era papelería, que anteriormente era cine; vi una silueta, me intrigó mucho y decidí seguirla, la luz comenzó a palidecer conforme avanzaba el día, la noche me sorprendió lejos de mi refugio, sabía que eso representaba un peligro, así que intenté regresar, pero algo sucedió, las calles comenzaron a moverse, cambiaron de rumbo, de nombre, las locaciones comenzaron a desaparecer, la confusión crecía en mi mente, mi cabeza daba vueltas, y entonces sentí un golpe en ella, caí inconsciente.

Al despertar al siguiente día noté que algo andaba mal, a pesar de que el reloj indicaba que era de día el sol no se mostraba, todo estaba en completa oscuridad, al poco rato me descubrí caminando hacia adelante con los brazos extendidos al frente, sin saber lo que hacia, sólo caminaba. De pronto sólo caí, estaba dentro de un hoyo, casi un pozo, sin fondo aparente, pues seguía cayendo, mientras iba en descenso noté colores a mi alrededor, escuché risas, vi rostros, lo vi a él. su perfecta fisonomía se quedó en mi mente como no lo había hecho jamás, entonces me descubrí susurrando un nombre, lo susurraba sin estar consciente de ello, seguí y seguí, hasta lograr entenderlo, "Hector", ¿sería acaso su nombre?, pensaba mientras seguía repitiéndolo en susurros. Cuando un tacto me sacó de mi ensimismamiento, era él, caía conmigo, girábamos en círculos, pero él me rodeaba con sus brazos y ya nada importaba, no importaba si el fin estaba cerca, no importaba si moría en ese instante, nada importaba, sólo nuestra cercanía, su olor a menta, sus ojos miel posados en mi por detrás, sus rizos dorados fundidos con mi melena castaña, su sonrisa brillaba por doquier, y su voz, al fin oí su voz, en mi oído, obligándome a callar al escucharlo decir:"Aquí estoy, y jamás me separaré de ti, oh, mi hermosa Nevenka". ¿Por qué me había llamado así? ¿Es que acaso eso era yo, era una Nevenka? ¿En tal caso, qué significaba?, y cómo si pudiera leer mis pensamientos susurró:"Diosa de la música, mi música". Y caímos sin fin...

Desperté desconcertada en mi vieja habitación, recordaba todo a la perfección, ¿qué había pasado? ¿dónde estaba Hector? ¿seguía siendo yo acaso Nevenka?. Me levanté sin reparar siquiera en que los pájaros cantaban, el sol brillaba con una intensidad mayor a la recordada, los autos pasaban a toda prisa fuera de mi casa. Hice lo de rutina, salí, saludé a mi vecina sin reparar en ella, sin saber que se encontraba ahí. Iba en un estado autómata, hasta que escuché un susurro, SU susurro, diciendo:"despierta Nevenka", salí de mi ensoñación para darme cuenta de que había regresado y que no lo había soñado, sin haber sentido antes su presencia, ahora lo noté, él caminaba a mi lado con una expresión suave pero dura a la vez, sentí su brazo rodearme, su mirada sobre mi, un suave beso sobre mi frente y escuché muy dentro de mi mente, su voz diciendo:"Sólo es un sueño, del que jamás despertarás", y me alegré por ello.

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